¿Sabías que una de las primeras alarmas para autos fue inventada por un prisionero?

Por Florencia5 min de lectura24/9/2026
¿Sabías que una de las primeras alarmas para autos fue inventada por un prisionero?

Hoy estamos acostumbrados a que un vehículo pueda enviar una alerta al celular, mostrar su ubicación en un mapa o incluso contar con sistemas que impiden que el motor arranque. Pero la preocupación por proteger un automóvil contra el robo es muchísimo más antigua.

De hecho, una de las historias más curiosas relacionadas con el origen de las alarmas para vehículos tiene como protagonista a una persona cuyo nombre ni siquiera conocemos.

Todo comenzó hace más de 100 años

En 1913, cuando los automóviles todavía eran una tecnología relativamente nueva, Popular Mechanics publicó la historia de un sistema antirrobo ideado por un prisionero de Denver cuyo nombre no quedó registrado.

El mecanismo era bastante diferente a cualquier alarma moderna: se trataba de un sistema manual y mecánico que podía activarse para proteger el automóvil.

Su objetivo era sencillo: si alguien intentaba poner en marcha el vehículo utilizando la manivela de arranque, el mecanismo activaba una alarma.

No había sensores electrónicos, conexión celular ni una aplicación que mostrara una notificación.

Había un mecanismo que hacía algo mucho más simple: avisar que alguien estaba intentando llevarse el vehículo.

¿Por qué era necesario proteger los autos?

Para entender por qué surgieron estos sistemas hay que mirar el contexto de la época.

A comienzos del siglo XX, el automóvil estaba comenzando a convertirse en un medio de transporte cada vez más popular. Los vehículos eran muy diferentes a los actuales: no tenían las computadoras, inmovilizadores electrónicos ni sistemas de seguridad que hoy consideramos habituales.

Por eso, a medida que aumentaba la cantidad de automóviles, también aparecía una nueva necesidad: encontrar formas de evitar que alguien pudiera llevárselos fácilmente.

Las primeras soluciones fueron principalmente mecánicas. La historia del prisionero de Denver es uno de los primeros ejemplos documentados de un sistema diseñado específicamente para alertar ante un intento de robo.

Una alarma que había que activar manualmente

La diferencia con las alarmas actuales es enorme.

El sistema descrito en 1913 no funcionaba automáticamente como muchos sistemas modernos. El propietario tenía que armarlo manualmente y, si alguien intentaba accionar el mecanismo de arranque, se producía la alerta.

Puede parecer rudimentario comparado con la tecnología actual, pero para aquella época representaba una idea importante: el propio vehículo podía participar en su protección.

Y esa idea fue evolucionando durante las décadas siguientes.

La tecnología empezó a ir un paso más allá

Pocos años después aparecieron otros sistemas que buscaban no solamente generar una señal de alerta, sino también impedir que el vehículo pudiera ponerse en marcha.

Un ejemplo documentado es el sistema desarrollado por St. George Evans y Edward Birkenbue[l], cuya solicitud fue presentada en 1918 y cuya patente estadounidense fue concedida en 1919.

Su dispositivo combinaba mecanismos de señalización con un sistema destinado a impedir el funcionamiento del automóvil cuando no se introducía la combinación correcta.

Es decir, comenzaban a aparecer dos conceptos que todavía forman parte de la seguridad vehicular:

detectar un intento no autorizado y dificultar que el vehículo pueda ser utilizado.

De una bocina a una notificación en el celular

La evolución durante más de un siglo fue enorme.

Las primeras soluciones eran principalmente mecánicas. Con el tiempo llegaron los sistemas eléctricos, sensores, controles remotos, inmovilizadores y diferentes tecnologías capaces de detectar movimientos o intentos de acceso.

Después apareció algo que cambió completamente las posibilidades: la comunicación a distancia.

Ya no era necesario estar cerca del vehículo para saber que algo estaba ocurriendo.

Con las tecnologías actuales, un sistema de monitoreo puede combinar diferentes herramientas para proporcionar información sobre el vehículo y enviar alertas dependiendo del equipo y servicio contratado.

En el caso del monitoreo GPS, además, es posible consultar información relacionada con la ubicación y los recorridos del vehículo desde una plataforma o aplicación.

De 1913 a la actualidad

Pensar que una de las primeras alarmas antirrobo podía consistir en un mecanismo que reaccionaba cuando alguien intentaba girar una manivela hace que las alarmas actuales parezcan todavía más sorprendentes.

Hoy, un vehículo puede formar parte de un sistema conectado en el que intervienen sensores, GPS, redes de comunicación, servidores y aplicaciones.

La idea fundamental, sin embargo, sigue siendo parecida a la de hace más de 100 años:

detectar una situación no esperada y proporcionar información que permita reaccionar.

La diferencia está en todo lo que la tecnología permite hacer con esa información.

La seguridad vehicular también tiene historia

La historia de las alarmas demuestra que la preocupación por proteger un vehículo no comenzó con los smartphones ni con el GPS.

Hace más de un siglo ya existían personas intentando encontrar nuevas maneras de detectar y dificultar los robos.

Desde aquel curioso mecanismo atribuido a un prisionero de Denver hasta los sistemas de monitoreo actuales, la tecnología fue transformando la manera de proteger nuestros vehículos.

Y quizás lo más curioso de todo sea esto: una idea que comenzó con una alarma mecánica terminó evolucionando hacia sistemas capaces de informarnos dónde está nuestro vehículo desde prácticamente cualquier lugar.

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